El sábado me reencontré con 2 personas, 2 bellezas sonrientes que brillan con luz propia, con mucha luz, de las que nadie diría que hace cosa de un año estaban luchando contra una de las lacras más enloquecedoras y crueles que pueda existir.
Aún me cuesta pronunciar esa palabra en voz alta, es de las peores experiencias que he podido vivir, si no la peor. No siempre se supera por más que se luche de eso no me cabe la menor duda, pero el camino comienza por uno mismo y ellas son una gran ejemplo de entereza y fuerza.
Las adoro, las quiero, las admiro por valientes. Viéndolas, una se olvida de las "pequeñas quebraduras de cabeza" que te da el día a día.
Éste es mi pequeño homenaje hacia ellas y toda la gente que han tenido a su lado apoyándolas, mimándolas, echando muchos cojones a la vida y poniendo al mal tiempo buena cara.
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